Como todos los países del mundo, Argentina tiene sus rasgos, tradiciones y costumbres características, que en algunos casos son comunes a otros pueblos; pero el arte de tomar mate, como
costumbre nacional, es solamente compartido por otros dos países: Paraguay y Uruguay; si bien, de a poco se va extendiendo por el resto del mundo; tal el caso de Moscú, dónde se ha formado un "Club de Tomadores de Mate", gente que se reúne dos veces por semana para compartir momentos de amistad, amena charla y saborear esta agradable infusión.
Desde hace siglos, el Centro Artesanal "Jojlomá Dorada", uno de los más antiguos y prestigiosos de Rusia, fabrica artesanías y vajillas de madera de tilo siberiano pintada a mano. El matrimonio de Valentina y Ladislao Vaveliuk (residentes en el país desde el año 1972) tuvo la feliz idea de fabricar en Jojlomá, mates para Argentina, de acuerdo con las antiquísimas técnicas de tratamiento de la madera: torneado artesanal de cada uno de las piezas, luego cuatro horneados: el primero a 70ºC y el último a 108/110ºC, que le confieren a las piezas resistencia a las altas temperaturas y eliminan la poca toxicidad que puedan tener las lacas de origen vegetal o areniscas utilizadas; y como corolario, la pintura a mano dándole color y belleza.
El matrimonio Vaveliuk invitó a visitar la Argentina a la especialista y pintora principal del Centro Artesanal, Ekaterina Dospalova, y en forma conjunta recorrieron y visitaron yerbatales y yerbateras, estudiaron la historia del mate, recopilaron modelos, tratando de interiorizarse y conocer la esencia del humilde y noble recipiente, tan caro a los argentinos.
Es así que se llegó a obtener un mate resistente, tanto a golpes
como a las variaciones de la temperatura (no se resquebraja), no se cura, que es totalmente aséptico porque no acumula humedad, no le cambia el sabor de la yerba utilizada, sino que realza su sabor y transmite la calidez y la soberbia de la madera. Pero lo más importante de esta iniciativa que tanto agrada a los argentinos desde el año 1991, es que en la lejana Siemionov ya saben que la Argentina, además de sinónimo de tango y Maradona, es un país devoto de una singular infusión que allí conocen como "maté".